11 abril 2007

Política 2.0

Llegados a este punto de proximidad con las elecciones a uno se le pone la sangre a hervir y no puede pensar en otra cosa que no sean campañas, candidatos y demás (efectivamente, soy un pesado).

Sin embargo en esta ocasión hay un elemento que hasta ahora no me había interesado demasiado, y que sin embargo ahora me apasiona de forma extrema, y es la forma en que la política afronta su presencia en la Red. En estos últimos años hemos visto el despliegue definitivo de algunos elementos que no nos van a abandonar en mucho tiempo y que los partidos están esforzándose en adaptar poco a poco para elaborar y difundir su mensaje: los blogs, el marketing viral, el efecto “digg” o “menéame”, la web 2.0, son solo algunos de los conceptos que hemos ido aprendiendo últimamente y que hay que ir adaptando a nuestras formas de pensar la política.

Sin embargo, hay dos formas bien diferenciadas de plantearse todo esto. Por un lado están aquellos que piensan en la Red de una forma todavía hostil: Internet les parece un mundo complicado, poblado por un montón de frikies que no votan, donde es complejo evaluar el impacto de los mensajes que difundes y donde no merece la pena gastar demasiados recursos ni imaginación. Los responsables de campaña que piensan así se preocupan tan sólo por tener una web aseadita para su candidato de turno, sin la más mínima posibilidad de interacción con sus visitantes, y con textos preparados por el último colaborador en llegar, que se preocupa de actualizarla un par de veces a la semana. Los errores en este sentido se dejan ver todavía entre los personajes más destacados, y están resumidos en comportamientos como los que recogía Enrique Dans hace unos meses acerca de la participación de Nicolas Sarkozy en un evento genuinamente bloguero.

Frente a estos últimos están los que ven en la web un recurso inmensamente rico, con infinitas posibilidades y sobre todo, con la tremenda ventaja que supone posibilitar el contacto de tú a tú entre el político y el ciudadano. Son las nuevas formas de hacer política, lo que el propio Enrique Dans llama muy acertadamente “Política 2.0″, en la que ya no existe esa relación unidireccional entre el político y sus electores, sino que se crean instrumentos de participación que relacionen a ambos. Se trata de que el ciudadano diga y proponga, y el político escuche y asuma. Justamente al contrario de lo que ha venido ocurriendo hasta ahora.

En este sentido, España ya tiene algunas primeras muestras de cómo se pueden ir haciendo las cosas, aquí, aquí, o aquí (siento la poca variedad, son los ejemplos que conozco ;-) . Aunque todavía tienen poco que ver con algunas maravillas que desde hace tiempo están sacudiendo la web política, como la campaña de Barack Obama, o las páginas de los laboristas británicos, o la propia “Désir’s d’avenir” de Ségolène……

Continuará…..

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