19 abril 2008

Suma tu voz al partido que más se parece a España, afíliate al PSOE

Más de 11 millones de españoles han apoyado con su voto el proyecto socialista dirigido por José Luís Rodríguez Zapatero. El PSOE es un partido de referencia para el resto de los partidos socialistas europeos y esto es debido a la capacidad de este partido para progresar con el paso de los años y este progreso nace de las ideas de sus militantes.

El PSOE es un partido abierto a todas las aportaciones que quieran hacer los ciudadanos, pero no cabe duda de que estas ideas tienen más peso si van acompañadas por la capacidad de voto que tiene un militante.

En Francia, una campaña de afiliación masiva por Internet en la que la mayoría de los nuevos afiliados fueron jóvenes, fue determinante para Ségolène Royal se convirtiese en la candidata socialista a la Presidencia. Esto nos puede servir de ejemplo para ver cómo se puede influir siendo afiliado de un partido, a veces, oímos a votantes del PSOE preguntarse porqué no se incluyen en los programas tales o cuales medidas, por ejemplo la ampliación de los supuestos para abortar o la anulación del concordato. La respuesta está en que no cuenta con el suficiente apoyo de la militancia.

Si eres votante socialista y te encuentras entre los que quieren sumar su voz al proyecto de José Luís Rodríguez Zapatero, afíliate al PSOE y aporta tus ideas con voz y voto.

Saludos Progresistas.

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3 Comments:

At 22.4.08, Blogger angels said...

Hola Carlos,
te dejo un mensajito para el SR
Zapatero

Su titulo es;
Para que Usted vea ..Sr Zapatero
La peluquera de las putas

El trabajo se ha puesto jodido, y “como de todo hay en la viña del Señor” a una amiga mía le han ofrecido ser la peluquera de una casa de citas.

Y la mujer que esta hasta los mismísimos ovarios de trabajar doce horas vendiendo zapatos o perfumes, que igual da a 800 euros, pues ¡oyes! por 1500 se va a peinar a las putas o quien sea.


Y ella que ya se cansó hace tiempo de darle al peine , al cepillo y de recoger pelillos con la escoba , ahora pasados los años y con la mierda de trabajos que hay , haciendo cuentas para llegar a final de mes y sin que le salgan claras , ha dicho que sí a un trabajo que en otra etapa de su vida jamás hubiese aceptado .




La casa de putas putas se encuentra situada en un lugar intermedio entre una ciudad y otra , como suelen estar , cerca pero no demasiado no vaya a ser que las señoras de los clientes o dicho en forma coloquial los puteros de toda la vida , se vayan a escandalizar por tan omnipresente presencia , y no vaya a ser que le las crucen en el súper comprando tomates .

Así que valor añadido, a echado mano de un viejo wolsvagen que dormía en el garaje y lo ha tenido que poner a punto para el traslado al curro, porque ¡claro! No es que el bus no pase cerca, pero pasa en horario laboral de las mujeres de vida ligera y ella efectúa su trabajo fuera de este horario habitual...




Mi amiga , la peluquera debe realizar su trabajo cuando las putas están en jornada de descanso , para que cuándo el local abra sus puertas están pintadas como indios cherotes , y con las cabezas bien repeinadas y lacadas .




Al parecer el peinado y los arreglillos de uñas y pies corren a cuenta de las susodichas, que digo yo, que las de la tele las peinan y maquillan para salir en pantalla sin menoscabo de su sueldo.
A estas los retoques les cuestan una pasta gansa que se ganan a a base de sudor y meneos.




Mi amiga, me cuenta, que la “coiffure” esta dentro del local de citas.




El primer día que llego con su maletín de la Srta. Pepins , donde había colocado los tintes mas imposibles y escandalosos del mercado , el segurata con cara de ruso y cuerpo de armario al verla le preguntó que si ella trabajaba allí . Ella contestó resuelta “tènicamente si “, para no dar mas explicaciones , y el otro se la miró de arriba abajo como diciendo “te vas a comer los mocos con ese cuerpo “

Tiene razón mi amiga , técnicamente ella trabaja allí de peluquera , no de puta pero ya estaba harta de ocultar que su próximo curro seria ese , a su familia , a sus amigos y a todo quisqui como si hacer de peluquera de las putas fuera algo deshonroso .




Después de pasar el trago del agente de seguridad , un tipejo con cara de mafiosos proxeneta le plantó dos sonoros besos en ambas mejillas y la acompañó al lugar de trabajo con una sonrisa mas falsa que “la falsa moneda”.




La pequeña peluquería estaba decorada accidentalmente con múltiples y exagerados espejos dorados y paredes pintadas en rojo pasión , y concluía con dos sillones y un lavacabezas.




El tamaño de la peluquería era reducido y pronto comprendió que debería darle marcha al peine para retocar a las mas de 40 putas cada día para que estuvieran listas para el horario de apertura .




Tendría que darle mucho al secador y decidió a bote pronto pedirle así por la buenas un aumento de sueldo al proxeneta de camisa rioja y corbata de flores.




-O me das 200 euracos o no peino ni a Dios – le dijo.




Tiene agallas mi amiga, pero sabia que pocas aceptarían ese trabajo. El tío calculó lo que le costaría que sus nenas fueran a la pelú del pueblo cercano , transportes aparte y pensó que le sería mas rentable y económico pagarle lo que le pedía .




Dijo, pues ¡vale! De acuerdo.




Y desde entonces cada tarde/noche la peluquera escucha , peina , oye y se divierte con los chismes de las putas, o sufre en silencio alguna que otra historia bajo el aire del secador .




Y ahí esta imagino hasta que haya sacado la pasta que necesita, después se irá, y quizás otra peluquera con titulo de estilista se encargue de este trabajo.




¡Para que Usted vea, Señor Zapatero!

Angels Vinuesa
Marzo del 2008
Zapatero ...

 
At 4.6.08, Blogger raúl pleguezuelo said...

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At 14.7.08, Blogger raúl pleguezuelo said...

Hola basura estalinista.

Aquí sigo, agazapado y echándote el aliento en la nuca.

Mira este retrato tuyo. Te describe perfectamente.

Es especialmente interesante este párrafo: "El progresista finge un estado de encandilamiento cuando se refiere a las conquistas del régimen de Fidel Castro o cuando muestra su apoyo a los movimientos antiglobalización. Por supuesto, no soportaría vivir en Cuba ni prescindir de las ventajas que el fenómeno de la globalización ha convertido en cotidianas para la mayoría de los ciudadanos."

Es curioso que tú mismo hayas mostrado tu admiración por Fidel Castro y, al mismo tiempo, hayas renegado de vivir allí. Curios, ¿verdad?. La forma de retratarte fielmente es increíble. Parece que el autor del artículo te hubiera parido. Claro, es que todas las serpientes sois iguales.

"Supongo que estará usted de acuerdo conmigo en que la esencia del progresista contemporáneo es su falta de creencias. Los marxistas, hasta Gramsci, creyeron en la revolución violenta y la conquista del poder político; y en los años sesenta confiaron en que la destrucción de la cultura judeo-cristiana alumbraría el hombre nuevo anunciado por sus profetas.
Hasta ese momento, muchos de ellos creían sinceramente que el socialismo era el paraíso, el modelo perfecto de ordenación social, y realmente envidiaban a los habitantes del este de Europa. Tras la caída del Muro de Berlín, los herederos de la tradición de izquierdas ya no creen en nada, salvo en la necesidad de vivir a costa ajena. Los progresistas ya no quieren el advenimiento del socialismo, ni mucho menos la revolución proletaria, sino simplemente preservar su nivel de vida a través de la depredación presupuestaria y la creación de un injustificado complejo de culpa en los demás.

Ya ni siquiera la honestidad intelectual les sirve como atenuante en su labor destructora. Atacan todos los principios y valores que nos han hecho libres y prósperos, simplemente, porque es la actitud más rentable en términos de marketing. De hecho, los autodenominados progresistas saben perfectamente que si sus ideas se llevaran a la práctica, los primeros perjudicados serían ellos mismos, en tanto que forman parte de las clases más acomodadas, las primeras que sufren los efectos de las políticas que patrocinan; de ahí que lleven un cuidado exquisito en hacer en su vida privada exactamente lo contrario de lo que predican en público.

El progresista finge un estado de encandilamiento cuando se refiere a las conquistas del régimen de Fidel Castro o cuando muestra su apoyo a los movimientos antiglobalización. Por supuesto, no soportaría vivir en Cuba ni prescindir de las ventajas que el fenómeno de la globalización ha convertido en cotidianas para la mayoría de los ciudadanos. Tampoco hay noticia hasta la fecha de que un líder de progreso lleve sus hijos a la escuela pública, o de que haya pisado alguna vez la puerta de urgencias del hospital de Leganés. Pero, eso sí, en los manifiestos en defensa de la educación pública y en las campañas estilo "Queremos que nos trate el doctor Montes", sus firmas son las primeras.

La izquierda sabe que no es posible dar marcha atrás en la tarea destructiva llevada a cabo por sus intelectuales orgánicos a lo largo del siglo pasado. La gente ha interiorizado de tal forma sus consignas, que sólo cabe seguir huyendo hacia delante para mantenerse en el poder. Los medios de comunicación de masas, los centros de pensamiento y el sistema público de educación han logrado que los ciudadanos acepten como síntoma de modernidad cualquier postura irracional contra el orden establecido. El radicalismo, la subversión, el pensamiento inmaduro, los ataques a la Iglesia, la ausencia de una moral compartida, el hedonismo, el relativismo y la preferencia por lo colectivo frente a lo individual, todo ello es lo que la izquierda ha inculcado a las nuevas generaciones, hasta el punto de que estas lo han interiorizado como filosofía propia.

Estamos, por tanto, en un punto de no retorno. Los líderes de izquierdas saben que la única forma de mantenerse en el poder es seguir alimentando a la población con dosis cada vez mayores de su estupefaciente radical. Si la izquierda se volviera súbitamente honesta y pusiera una nota de sensatez en su proyecto político, sus votantes elegirían otros partidos que les prometieran raciones más abundantes de progresismo: aborto no ya libre, sino obligatorio, eutanasia a discreción, expropiación de viviendas a sus legítimos propietarios, subvenciones cada vez más abundantes a las clases ociosas de progreso...

Los herederos intelectuales de Marx, Gramsci y Marcuse ya no creen en la utopía. El progresismo contemporáneo no quiere saber nada de la vieja tradición socialista, que aún fingía defender principios como la solidaridad o la igualdad. Si le preguntamos a un progre qué valores defiende, nos abrumará con una verborrea basada en el sentimentalismo, la simplificación y la demagogia más grotescos. La izquierda ha pasado de Marx a Suso de Toro, del materialismo histórico de Bujarin al suplemento dominical del País, de Marcuse a Javier Sardá y de la lucha de clases a la educación para la ciudadanía y el puñetero cambio climático. Y lo peor de todo es que la mayoría de la población opina exactamente igual que ellos, aunque no vote a partidos de izquierda.

Su actitud revolucionaria, su odio al capitalismo, su fascinación por los regímenes autoritarios de izquierdas (valga la redundancia) es simplemente la tramoya tras la que se desarrolla la verdadera función: la protagonizada por unos parásitos que necesitan explotar esa imagen y promocionar esos contravalores para seguir viviendo de quienes, ajenos a esta batalla, trabajan y pagan gustosamente sus impuestos, convencidos de que están contribuyendo al progreso de la humanidad.

El progresismo, a causa de su evidente despolitización, es por tanto mucho más peligroso que el socialismo clásico, ya que ha dejado de ser una doctrina política para transformarse en una moral. Si discrepas sobre los datos seudocientíficos que sustentan el movimiento histérico formado en torno al llamado calentamiento global, o dudas de que subvencionar al infecto cine español o a la SGAE sea algo determinante para la supervivencia de la cultura occidental, no te consideran una persona equivocada, sino un sujeto depravado sin posibilidad de redención. Ante esto hay quien prefiere acomodarse al pensamiento hegemónico y pasar por civilizado, pero en mi caso les aseguro que jamás pensé que me sentiría tan feliz siendo un "inmoral". "

 

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